Como muchas familias de inmigrantes europeos, los Goye llegaron a la zona de Bariloche en el siglo XIX. Provenían del suroeste de Suiza, del Cantón de Valais, ubicado en el alto valle del río Ródano en los Alpes, geografía con un paisaje similar al de la Patagonia. Desde Chile, cruzaron la cordillera, y se establecieron en un pequeño poblado al pie del cerro López, lugar que años después se llamaría Colonia Suiza.

Los primeros inmigrantes se dedicaron a la agricultura, ganadería y explotación forestal. Cultivaron trigo y frutas de clima frío, se dedicaron a producir toda una variedad de alimentos para la subsistencia. También dieron inicio a la tradición de elaborar chocolate y pastelería en la Patagonia. Lo hicieron con recetas de sus países de origen o que formaban parte de su cultura, a las cuales incorporaron ingredientes de la región.

 

El chocolate se convirtió en un elemento de especial atención ya que motivó intercambio de técnicas, costumbres y tradiciones para su producción. En un principio, la repostería y los chocolates se hacían para el consumo en el hogar, compartiéndolos con vecinos y amigos. Luego, por su buena calidad y expresión de identidad local, estos productos se  constituyeron en una atracción para los turistas.

Con ese espíritu familiar nació Abuela Goye. El nombre es un homenaje a las primeras mujeres inmigrantes, trabajadoras y pioneras, quienes con pocos recursos cocinaban rico y sano en sus nuevos hogares de la Patagonia.

En 1981 se inauguró el primer local en la ciudad de Bariloche, en una casa de estilo alpino. Se podían comprar chocolates, frutas en conserva y dulces. En el salón se servían té y chocolate caliente, acompañados por una deliciosa repostería. Esos fueron los primeros pasos comerciales de Abuela Goye, compañía que en 2017 cumplirá 35 años.

Sus productos, en base al chocolate típico europeo, se enriquecen y diferencian por sus ingredientes regionales y su sabor único e inigualable. Una identidad que se refuerza en cada uno de sus locales decorados con madera de roble de la Patagonia así como en las presentaciones rústicas y naturales del chocolate.